Influencers: ante la masividad, mayores compromisos

Por: Tomás Cruz (@_tomicruz)                                                                                                                        

Hace un tiempo se puede ver cómo las redes sociales cobraron un fuerte impacto en la nueva era de las comunicaciones. En este terreno marcado por la información rápida y los mensajes breves, fueron ganando lugar varios jóvenes que se vieron capaces de entretener a chicos de su edad con videos que los identifiquen. Así es como surgieron los llamados “youtubers”; en su mayoría adolescentes que, con videos de humor, comenzaron a llamar la atención de miles de jóvenes. Más adelante, con el advenimiento de Instagram, se dieron a conocer dentro de este ámbito nuevos personajes que tenían algo para decirle a la sociedad mediante la comedia.

Ante este panorama, los “Influencers” adquieren una nueva responsabilidad: al llegar masivamente a tantas personas, deben medir lo que dicen y comenzar a reparar en el mensaje que quieren dar y cómo hacerlo. Ya no se trata simplemente de hacer un video por diversión diciendo cualquier cosa ya que, una vez inmersos en el mundo de los influencers, el influjo en los más chicos – y no tanto – es muy grande.

El ejemplo más claro de ello es Julián Serrano, un pibe de 24 años que comenzó haciendo videos en 2009 y poco a poco fue ganando idolatría entre chicas y chicos de entre 12 y 20 años. Julián tiene en la actualidad un canal en Youtube con 2.500.000 suscriptores. En el 2010, en el marco de la aprobación de la ley de matrimonio igualitario, instruyó a una cantidad enorme de jóvenes sobre este tema expresando que los homosexuales “son unos fenómenos y anormales” burlándose de ellos y oponiéndose fervientemente a la adopción homoparental. La idea no es caer sobre un chico que con 17 años creía ser gracioso diciendo lo primero que se le viniera a la mente; la gente cambia y construye constantemente, y es probable – esperemos – que hoy Julián Serrano no piense lo mismo que hace siete años. Lo que se remarca es la importancia de una conciencia que nos permita entender que no se puede decir cualquier cosa por el simple hecho de ser reconocido y hasta aplaudido más allá de todo. Cuando alguien se convierte en una persona pública, independientemente del entorno, automáticamente se hace dueño de la responsabilidad de estar influenciando fuertemente a mucha gente.

Un caso reciente es el de Lucas Castel, quien fue acusado de haber sido partícipe del abuso a una fan en el contexto de una convención de youtubers realizado en Argentina en 2015. El hecho fue conocido públicamente dos años después de ocurrido, y este joven que tiene llegada solamente en Youtube a más de 3.000.000 de personas, hizo un video relativizando lo sucedido en lugar de hacer un mea culpa e instar a sus seguidores a que jamás hagan algo a una mujer sin su consentimiento. No se hicieron esperar los comentarios de miles de fans – de ambos sexos – apoyando sus palabras. Miles de jóvenes que crecen naturalizando estos hechos.

La contracara de estos dos ejemplos es Magalí Tajes, una chica de 29 años que hace stand up desde 2013 y llegó a ser reconocida por sus videos de humor en Instagram. Le gusta “incomodar desde el humor” según sus palabras y cree que si fuera “menos combativa” todo le sería más fácil, pero no es su estilo. Ella eligió, ante la masividad de sus seguidores, evidenciar sus ideales y tratar de generar conciencia a partir de sus videos. Así es como se expresa a favor del colectivo “Ni Una Menos” y reproduce constantemente un discurso feminista para reflexionar sobre las prácticas machistas que advierte día a día.

Hay otros estilos, como el de Ignacio Saralegui y Francisco Gómez, quienes cuentan con 150.000 y 230.000 seguidores en Instagram. Ellos son, quizás, quienes se encuentran más ajenos al mensaje directo y explícito, ya que en sus representaciones no le hablan a la gente, sino que realizan videos de un humor absurdo, creando personajes y parodiando situaciones cotidianas.

Igualmente, cada representación o discurso está cargado de mensajes simbólicos que llegan a la gente, enseñando y construyendo sentido a través de distintas plataformas. Por eso es que cada influencer, desde su lugar de privilegio, debe tomar ciertas responsabilidades a la hora de comunicar, ya que en cada palabra, acción u omisión está dejando mensajes. Y depende de ellos que esto se convierta en un aspecto positivo, o altamente negativo.

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